Fútbol formativo

“¡Ya te he dicho que controles bien el balón!” Una reflexión sobre enseñar y aprender en el fútbol

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Escrito por: Martín Salinas Cisneros, @amrtinaslinas

 

¿Qué es enseñar? ¿Qué es aprender? ¿Cómo se dan estos procesos en el ámbito deportivo? A continuación, discutimos estas interrogantes así como cuál es el rol del profesor en el desarrollo de la autonomía del futbolista.

¿Decir = enseñar?

“¡Ya te he dicho que controles bien el balón!”, escuchamos hace unas semanas a un entrenador intervenir desde el borde del campo, dirigiendo un partido de Copa Federación. Esto nos llevó a cuestionarnos: ¿pasa por decirle que lo haga bien para que el niño aprenda a controlar el balón? Si no, ¿qué procesos más complejos intervienen? ¿Qué implica enseñar a controlar el balón y qué aprender? Temas atractivos y complejos, sin duda.

Paulo Freire, influyente pensador y pedagogo brasileño, señala que “enseñar no es transferir conocimientos, es crear posibilidades para su propia producción o su construcción.” Es decir, generar un ambiente de aprendizaje auto-dirigido, que suponga actividad de parte del aprendiz, y no el mero acto de recibir indicaciones. Decir, como en el caso que abre esta nota, no es lo mismo que enseñar, y mucho menos implica aprender.

El aprendizaje es un proceso aún más complejo, ya que para entenderlo hay que mirar lo que sucede en el interior de los sujetos. Si bien los otros tienen un papel importante en el aprendizaje de cada ser humano, no conviene confundir esto con el hecho de que cada uno tiene que realizar una construcción propia. Los conocimientos no son implantados desde fuera en la mente de los sujetos, como si se les colocara un “chip”, citando el discurso coloquial.

Las personas aprenden en interacción con el ambiente físico y social, asimilando información nueva y acomodando las estructuras previas de conocimiento. El sujeto que conoce se transforma constantemente, como transforma también al objeto que conoce. Este objeto, como dijimos, puede ser físico (balón, terreno de juego, etc.) o social (compañero, entrenador, padre, etc.). Es necesario prestar atención y no descuidar las transformaciones y procesos que tienen lugar dentro del sujeto cuando aprende, y reflexionar y cuestionar nuestro rol como agentes educativos permanentemente con esto en consideración.

¿Culpar al alumno?

Antes de culpar al niño por su fracaso habría que evaluar lo que hacemos los adultos como agentes educativos. Más aún si los chicos con los que trabajamos están en una situación de vulnerabilidad, o en un contexto poco favorable para su desarrollo. Entrenadores, dirigentes, psicólogos, padres e incluso periodistas tenemos una responsabilidad en la educación de los jóvenes a través del deporte.

Culpar al maestro como única respuesta no será una alternativa mucho mejor. Lo que debemos hacer es evaluar y reflexionar sobre lo que sucede en las clases o entrenamientos: ¿Qué hacen los niños? ¿Qué aprenden? ¿Cómo sabemos que ello está sucediendo? Con objetivos claros, buscar comprometerlos en tareas relevantes y que los niños les encuentren sentido es fundamental.

Educar por medio del fútbol: algunas ideas

¿Los alumnos o jugadores están siendo estimulados a entender mejor el juego o solamente a cumplir las tareas técnicas indicadas por el entrenador? ¿Se les ha propuesto a los jóvenes que reflexionen sobre lo que se les ha enseñado? ¿Los jóvenes están siendo estimulados a entender la complejidad del juego de fútbol y del contexto que les rodea? Quizás sea tiempo de plantear también en el fútbol una pedagogía de la pregunta.

Necesitamos futbolistas capaces de gobernarse a sí mismos. Para ello, es clave instaurar grados progresivos de independencia en la ejecución y toma de decisiones en el campo, y guiar su desarrollo, complejizándolos y buscando que tomen conciencia de lo que hacen en movimiento.

Asimismo, debemos mantener expectativas altas sobre el aprendizaje y rendimiento de los jóvenes, como vimos en un post anterior, pues es una manera efectiva de contribuir a su desarrollo, brindándoles mayores oportunidades de aprender y estimulando su crecimiento personal y deportivo. Esto también implica reforzar lo positivo e identificar aspectos a mejorar, antes que simplemente enfocar toda la atención sobre lo negativo. Para poder enseñar, hay que ser respetuosos de los saberes previos de los alumnos.

Transformar el fútbol

Desde una perspectiva científica, creemos que hace falta reflexión crítica e investigación para mejorar las prácticas educativas y desarrollar el fútbol peruano. Si creemos que en el fútbol está todo inventado, seguro nos equivocamos. En educación necesitamos convencernos de que, como señaló Isaac Newton, el mundo no es, sino está siendo.

Y ello significa que podemos transformarlo. Para esto, no basta con decirles a los niños que hagan bien las cosas, sino más bien generar espacios donde, de maneras más o menos guiadas, ellos vayan apropiándose de sus propios comportamientos y generando autonomía para desenvolverse en el deporte y en la vida.

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