Entrevista

Paul Cominges: “El entrenador tiene que lograr que el jugador disfrute del entrenamiento”

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Escrito por: Martín Salinas Cisneros, @amrtinaslinas

 

Conversamos con Paul Cominges sobre el ejercicio profesional del entrenador de fútbol y los principales retos, aprendizajes y satisfacciones de su experiencia como director técnico. A continuación, la excelente charla que dejó reflexiones muy interesantes sobre el juego que tanto nos apasiona.

 

La sesión de entrenamiento es un momento clave –no el único pero sí un momento clave– en el ejercicio laboral y en la relación educativa entre el entrenador y el jugador. Quería preguntarte, ¿qué cosas consideras tú que un entrenador debe tomar en cuenta al momento de planificar o pensar una sesión de entrenamiento?

Primero, el entrenador tiene que saber qué quiere. Tendríamos que partir de eso. Tendríamos que asumir que el entrenador conoce muy bien el juego, ¿no? A partir de saber qué quiere, podrá organizar su sesión o su semana de entrenamiento. Me imagino también que eso varía de acuerdo a las edades de los chicos o a las etapas. Si está en la etapa de fútbol base, juveniles, ya en reserva… eso irá variando. Hoy por hoy, con esto del internet, seguramente copiar una sesión de entrenamiento es muy fácil. Yo lo que veo poco es: entender para qué es ese entrenamiento, ese rondo de cinco contra dos, o de cuatro contra dos, o de cuatro contra uno, o de siete contra siete. Depende también de qué día de la semana estamos hablando para la sesión. Pero bueno, para todo eso, me quedo con lo que te dije al comienzo: primero el entrenador tiene que saber qué quiere. Cuál es su idea. A partir de saber cuál es su idea puede organizar la sesión de entrenamiento. Si no, lo que va a hacer es copiar un entrenamiento que vio en otro lado o que le dijeron. Yo creo que así no sirve.

Cuando hablas de comprender el juego, entiendo que hay diferentes maneras de hacerlo. Creo también que hay no solamente diferentes maneras de hacerlo sino que hay mejores maneras que otras. De pensarlo y de llevarlo a cabo. Te pregunto, ¿cuál es esa idea de juego –si se puede de manera general– que tú intentas transmitir y llevar a cabo?

Yo creo que hay distintas maneras de enfrentar un juego y de querer ganarlo. Y seguramente todas han ganado. Pero hay una sola cosa que me parece que no es discutible: el juego de fútbol se juega con la pelota. Yo no me imagino jugar al tenis sin la raqueta. Es imposible. El otro día escuché a un gran entrenador que decía: “¿cómo te puede gustar la natación sin el agua?”. No existe. Entonces, yo creo que tendríamos que empezar con eso. Primero lo que yo digo es que hay que intentar jugar bien. Y jugar bien sin la pelota no se puede. Es el elemento principal. Entonces, partamos de ahí. Si ahí no estamos de acuerdo, no se tiene que seguir el tema. Si alguien me dice que no… yo he escuchado técnicos que dicen “no, yo me siento cómodo sin la pelota” o “esa propuesta no me gusta”, ahí ya yo creo que empieza la mentira y se va haciendo la discusión. Entonces, a partir de ahí, por supuesto que hay muchas cosas. Cómo administras la pelota. Si te la pasas por pasar, también es jugar mal. Porque no es cuestión de pasarte la pelota simplemente. No es así. Si la sacas o no jugando desde atrás… por qué la sacas jugando desde atrás. No es porque es bonito salir jugando desde atrás. Tiene algo que ver con lo que va a pasar después. Para qué tienes la posesión de la pelota en campo contrario. Para buscar qué. Una vez encontrado lo que estás buscando, qué pasa si desapareció. Porque la jugada aparece y va desapareciendo. Y después, en zona de definición, qué movimientos tienes que hacer para generar facilidades para poder terminar bien la jugada.

Gerardo Marín, LaNueve

Como ves, al contrario de lo que mucha gente cree, que es solamente darse pases y quedarse en eso –y eso al no ser explicado está mal entendido– hay muchas otras cosas que tienes que definir teniendo la pelota. Porque además hay un rival que intentará que tú no la tengas, ¿no? Lo que sí yo creo es que la lucha del juego tiene que ser por la pelota. No existe otra manera de jugar. Y los entrenadores pues son los encargados de estar preparados, primero ellos, y voy a la primera pregunta, de entender cómo voy por esa lucha por la pelota, qué hago cuando no tengo la pelota, qué hago cuando la tengo, qué hago cuando la tengo en tal sector, cómo la recupero, cómo marco. Porque marcar bien también es jugar bien. Hay momentos en el juego, si el otro equipo en esa lucha por la pelota… la pierdes porque te superó o porque es mejor que tú, el equipo tiene que saber en qué situación se encuentra y cómo defiende esa superioridad de ese momento del equipo rival. Eso también es jugar bien.

Eso es justo lo que te quería preguntar. Por una cuestión de que el rival también juega, o por circunstancias del partido que cambian siempre, dentro de los noventa minutos uno no puede pretender tenerla siempre. Y jugar bien también implica una serie de ideas y acciones cuando no la tienes, ¿cierto?

Sí, por supuesto. Por supuesto. Pero la lucha primero tiene que ser por tener el dominio tú. Al tener la pelota tienes el dominio tú del juego. Tienes más posibilidades de ganar. Después, si el rival en esa lucha te supera, tienes que aceptar en ese momento que en esa secuencia del juego estás en una posición de no tenerla, y tienes que saber qué tienes que hacer ahí. Y por supuesto tienes que saber que una contra también es valedera. También es saber interpretar que estás en posición de contragolpe. Eso también es jugar bien. Pero, eso no quita que la lucha siempre va a ser por el balón. Está bien, hoy estoy dominado yo, pero en cuanto puedo, paso a ser el dominador yo. Porque si pasas de estar dominado a quitarla, y cuando puedes pasar a ser el dominador de nuevo la entregas para ser dominado, ahí es donde pasas a estar jugando mal. Entonces sí, por supuesto, entender que puedes jugar de contra y en algún momento distinguir que el jugador, en vez de posesión, tiene que atacar la línea contraria. Eso es lo difícil. Eso es lo difícil de hacer entender. Reitero, si el entrenador no entiende…

“Me ha tocado aprender mucho de jugadores, que yo he dirigido o que he visto en jugadas, para poder interpretar algún ejercicio que lo he hecho después, pensando en la solución que dio ese jugador a tal o cual acción.”

Es como la pelota parada. Que es, digamos, un valor agregado. Pero no voy a esperar 80 minutos para que me aparezca una pelota parada y tener 20 opciones de pelota parada y esperar a hacer gol de pelota parada. Démosle la importancia debida a la pelota parada. Primero está el juego y después, como opción, también tener preparación en la pelota parada. Eso también es jugar bien.

Ahora, ¿la posesión sería un fin o sería un medio? ¿O el mejor medio, quizás?

Lo que pasa es que teniendo la posesión descansas tú, defiendes tú, atacas tú, dominas tú…

¿Sería el mejor medio para intentar ganar?

Para intentar ganar. Estás más cerca de ganar. Puede ser que pierdas, ¿cómo no? Puede ser que pierdas, totalmente. Me ha pasado varias veces. Nadie dice, y esa es otra de las trampas que hay en la discusión, que así vas a ganar siempre. Sí creo que estás más cerca. Me ha llegado a pasar incluso que yo ya sé cómo es que vamos a perder. Dices: “muchachos, si no encontramos el espacio y apuramos la jugada esto va a terminar en una contra, nos van a agarrar con los centrales en mitad de cancha y ellos tienen a un tipo rápido que si nos supera en velocidad podemos caer” o “si hacemos un foul en tal sector de la cancha, ellos van a apuntar al balón parado y tienen dos centrales que cabecean bien… si estamos distraídos nos harán un gol”. Y ha pasado. Hasta puedes ir viendo, no siempre y no exactamente, cómo es que puedes perder. Por ende, mientras sabes eso lo podrías ir corrigiendo e irás avanzando.

Te podrían decir que quizás eso sea exponerse demasiado…

Sí. Pero jugar es arriesgar. Yo no entiendo qué juego no tiene un riesgo. Retrocedamos: esto es un juego. El fútbol es un juego. ¿Se juega para ganar? Sí, por supuesto que se juega para ganar. No hay duda de eso. Pero es un juego y el jugar requiere un riesgo. Porque si yo no arriesgo, espero, el otro equipo no arriesga, espera, ¿cómo hacen con la pelota? El equipo que no arriesga necesita alguien que lo haga. Es como en la sociedad: el vivo necesita del tonto. En todo caso, el tonto vendría a ser el que viene y juega y el que se expone, ¿no? Para que el otro diga: “ah, no sé, pero tácticamente…”. Tácticamente, aglomerar gente atrás lo tienes resuelto en tres o cuatro entrenamientos. Pero, sí, atacar es arriesgado. Sin duda es arriesgado. Vuelvo a la importancia del entrenador en concientizar a los jugadores de que todo juego tiene un riesgo y que sepan que ese riesgo se puede correr o no. Es ahí donde yo llego a la conclusión de, por lo menos desde mi punto de vista, dividir a los entrenadores entre los que tienen miedo y los que no tienen miedo. Lamentablemente los que tienen miedo son mayoría.

Responden también a un sistema, ¿no? A una manera de concebir el fútbol actual. Sobre todo en modelos que apenas subsisten, como muchos de los clubes profesionales en nuestro país. Hay un correlato entre el tipo de entrenador o el tipo de juego y la realidad del club o la realidad económica del fútbol…

…Del pensamiento de los directivos. Claro. Entonces, están más amoldados y más acorde con lo que se quiere. Porque, por supuesto, cuando yo digo: “el entrenador tiene que saber lo que quiere”, eso tiene que estar avalado por el club. El escenario ideal, ¿no? Que el club contrate al entrenador o contrate a esa idea, porque requiere y cree que esa idea debe ser así. Pero, normalmente, el club lo que busca es un entrenador para salir campeón. No importa la idea. No importa cómo. Es lo mismo que decir: “Yo quiero tener dinero. No importar cómo. No importa si es estudiando o no importa si es vendiendo droga… yo quiero tener dinero”. Yo lo asumo más o menos así: “Yo quiero ser campeón. ¿Qué técnico es campeón? Listo”. Entonces, contratan al que fue campeón el último año.

Ahora, hay una diferencia entre salir campeón tirando el equipo atrás, renunciando al ataque –que sería un medio legítimo– y salir campeón, no sé, amañando algún partido o por ahí teniendo alguna influencia sobre el árbitro –que serían medios ilegítimos–. Uno es un medio legítimo y el otro no. Quizás ese legítimo no sea el mejor pero sí hay una diferencia.

Sí. Claro. Hay una diferencia. Por supuesto. Pero el tema o la equivocación está en creer que el salir campeón es lo único. Porque por último salen campeón todos en algún momento. No voy a dar nombres propios pero me pongo a revisar y todos salen campeones en algún momento. Aquel técnico que sale campeón en el 2016, saldrá campeón de nuevo en 2021 y así… ¿Quién es el campeón realmente? ¿El que está de moda? ¿El que campeonó el último año?

Yo sí creo como tú que de todas maneras hay una diferencia. Ojo, después te puede gustar o no. A mí personalmente no me agrada. Creo que no deja nada al jugador, creo que no deja nada al club, creo que no deja nada al entrenador, creo que no deja nada al espectador, el hacer dos líneas de cuatro y tirarte atrás a esperar. No deja nada. Te deja ganar el campeonato y, bueno, se beneficia el entrenador seguramente con el contrato por haber salido campeón. Pero bueno, eso es válido. Jugar de esa manera es lícito. Lo otro es, pues, hacer trampa.

¿Cuáles considerarías que son los principales retos a superar en el contexto peruano –o latinoamericano si se quiere– en la formación y la enseñanza del fútbol y en la relación entrenador-futbolista?

Hay que aceptar una realidad: se da mucho, en Sudamérica sobre todo, que normalmente los mejores sean comprados por clubes de Europa. Al irse algunos muy jóvenes –no tanto en Perú, porque Perú no es un país que exporta muchos jugadores, pero ya que hablamos de Latinoamérica o de Sudamérica– entra plata al club pero no se siguen formando los que vienen atrás. Entonces eso se va perdiendo.

Gerardo Marín, LaNueve

En conclusión diría que yo lo que creo es que el negocio del fútbol –que no deja de serlo– tiene que estar en todo caso mejor entendido. Que se afiance y que no se vea a los menores como un gasto, sino como una inversión. Que no apenas salga un jugador bueno haya que venderlo, sino que hay que ver la manera de cómo no pensar en solucionar las cosas ahorita y en cambio ver un poco más allá. Yo siento que hay que afianzar más el trabajo ahí en los menores. Creo que pasa en toda Latinoamérica por la necesidad que tienen los clubes, o cómo se vive, que hay que buscar vender. Siempre hay ejemplos, gracias a Dios, de clubes… me hablan de este Independiente del Valle –no lo conozco profundamente pero más o menos he escuchado–, me hablan también de la inversión que hace el que ha sido campeón de Copa Libertadores ahorita, Atlético Nacional. Mira los resultados que tienen. Seguramente algún equipo argentino también. Así que yo iría un poco por ahí: apuntar al fútbol desde su base, desde su formación.

En tu experiencia dirigiendo en el fútbol peruano, ¿cuáles consideras que son los mayores aprendizajes que has tenido? ¿Cuáles son esos aprendizajes que adjudicarías a esta etapa de entrenador –a diferencia de tu etapa como futbolista– o que, en todo caso, se hicieron más evidentes?

Yo creo que el entrenador que ha sido futbolista tiene que absorber un poco de sus experiencias vividas, de los entrenadores que ha tenido, de lo que pueda haber leído, de lo que se ha informado, de lo que ha visto… Hay una cosa que me parece fundamental: aprender de los jugadores que tienes cuando te toca dirigir, porque creo que ahí está la clave también. Saber captar la información que el jugador te va dando en cada entrenamiento.

Que todo esto te haga formar tu propia idea. De hecho que me ha servido jugar al fútbol y de hecho que en su momento haber dirigido menores también me sirvió. La conversación con otros entrenadores, o haber dirigido en Segunda División, también. Todo ha ido formando lo que hoy tengo como idea. Y se trata, creo, de seguir captando y seguir aprendiendo para de esa idea corregir o aumentar alguna otra cosa.

¿De qué entrenadores, tanto a través de la experiencia directa como a través de la indirecta –por ejemplo, como mencionas, a través de la lectura o del internet hoy en día– consideras tú que has aprendido más o que valoras más tu intercambio con ellos?

Yo sé que es una frase repetida pero en general de todos, si tú quieres, vas captando un poco. Yo incluiría ahí que a mí me ha tocado aprender mucho de jugadores, que yo he dirigido o que he visto en jugadas, para poder interpretar algún ejercicio que lo he hecho después, pensando en la solución que dio ese jugador a tal o cual acción.

Después, me ha tocado ser asistente de Chemo del Solar también, que me parece un tipo que conoce. Me ha tocado ser dirigido por Juan Reynoso cuando jugador… también ahí aprendí algunas cosas interesantes. Me ha tocado ir a ver entrenamientos de grandes técnicos en Europa. Con algunos he podido conversar, con otros solamente ver. La lectura de algunos libros. Me gusta mucho lo que escribe Valdano, por ejemplo. Y así. La suma de todas esas cosas ha ido formando una idea.

En relación al ejercicio laboral del entrenador, ¿cuáles son las mayores satisfacciones que te ha dado y, más allá de las que te haya dado, las que crees que le puede dar a un entrenador el ejercicio de su profesión?

Sin lugar a dudas, yo creo que el mayor patrimonio que tiene un entrenador son sus jugadores. Entonces, verlos salir complacidos de un entrenamiento, o en conversaciones con ellos poder discrepar o no de tal o cual acción, o sentir que he colaborado a que entiendan por lo menos de otra manera el juego… no tengo duda que esos son, por lo menos, los momentos en los cuales me siento más lleno. Pero sin lugar a dudas. Porque si hay algo que he aprendido es que el juego no se debería simplificar a esto de ganar o perder. Para nada. Creo que en la mayoría de casos he colaborado con los jugadores que he tenido para aportarles algo más.

Luego de, por ejemplo, tu experiencia en el fútbol de la Copa Federación, esta instancia en que la gran mayoría de chicos tienen la pretensión de convertirse en futbolistas profesionales –si uno les pregunta qué es lo que quieren, seguro te dicen que convertirse en futbolistas profesionales e incluso si les preguntas por sus objetivos y/o sus metas, te hablan de Europa–, ¿qué crees que, habiendo tú tenido esta experiencia con ellos y habiendo tú también vivido esa experiencia como jugador, necesitan poner ellos, los propios futbolistas?

Yo soy un convencido de que el talento necesita confianza. Sin confianza, el talento no se puede desarrollar. A mí me ha pasado: he tenido varios chicos que he dirigido en menores que hoy están en Primera División, y algunos otros pues no han llegado a Primera División. Y lo que yo les he podido inculcar, han ido a otro equipo a entrenar de otra manera y nada de eso lamentablemente ha podido ayudarlos. Los veo y juegan totalmente de otra manera y no los veo muy felices que digamos.

“El mayor patrimonio que tiene un entrenador son sus jugadores.”

Como llega un porcentaje muy bajo a ser jugador profesional, sigo con lo mismo: el entrenador tiene que formar a personas que después puedan ser felices en cualquier actividad a la que se dediquen. Lo ideal sería que ese jugador que está formado a los 12, 13 ó 14 años de una manera, después haya una comunión entre la idea en los menores que luego en el primer equipo también puedan desarrollar.

Porque, claro, tú preparas a un jugador y le dices: “mira, como central no vayas a sacar la pelota jugando nunca larga. Entonces, te doy esta solución para no tirarla. Vamos a hacer esto, vas a recibir acá, la puedes entregar acá o acá, y pones el cuerpo de tal o cual manera…”. Pero tú lo preparas al jugador uno o dos años y después cambia el entrenador y lo primero que le dice es “bueno, acá no la jugamos nunca corta”. Entonces, terminamos perjudicando al jugador.

Ahora, ¿un futbolista no se vería beneficiado teniendo la posibilidad de comprender y ejecutar distintos modelos de juego? ¿O es que este último que mencionas es un modelo que no termina dejándole mucho al futbolista?

Todo, como dije anteriormente, te va dejando algo. Pero yo ahí me refería, sobre todo, al fútbol en formación. Me parece que no forma nada al futbolista si la pelota va a salir siempre larga… No hay ninguna ayuda para que este mejore. Y esa debería ser la primera función del entrenador. Después, darle armas para que ese futbolista resuelva en tal o cual situación. Porque por algún motivo hay esta otra opción, o hay esta otra. Entonces, él resolverá.

Ahora, el futbolista es inteligente, ¿no? Yo te hablé de que para salir jugando hay que poner el cuerpo de tal manera o hay que practicar tal o cual cosa. O tal control de tal manera, y después dar el pase tal forma… Lo otro no requiere de nada de eso. Es más simple. El jugador que está preparado para hacer esto que te digo, lo otro lo puede hacer sin ningún problema. Y después él, con las armas que le dan, irá resolviendo.

El entrenamiento del fútbol actual pretende superar esta separación que se hacía de la técnica, la táctica, lo físico y lo psicológico como aspectos aislados que se entrenan cada uno por separado. Aunque, hay un rezago tradicionalista, analítico o tecnicista fuerte porque integrarlos implica una capacidad más desarrollada. Quería preguntarte, ¿de qué maneras, o qué tipo de ejercicios o juegos deben ocupar la parte central de un entrenamiento en donde la técnica no sea solamente la repetición mecánica de movimientos descontextualizados?

Claro. Pero es que ahí está lo complicado. En la creación de esos ejercicios para que un ejercicio técnico no deje de tener un espacio o un momento físico, e incluso psicológico-cognitivo. Eso es lo difícil. Lo otro es copiar por copiar un ejercicio. Tiene que haber una coherencia o continuidad entre el entrenamiento del lunes hasta el viernes, para que después se pueda ver el día domingo.

Yo hablada con un amigo periodista y le decía: “tú para antes de opinar el domingo sobre si tal equipo jugó bien o mal, tómate el trabajo de ir la semana de entrenamiento y ver si lo que ese entrenador hizo durante esa semana se logró hacer el domingo o no tuvo nada que ver una cosa con la otra”. Encontrar esos ejercicios y esa forma de entrenar es lo difícil y es lo que diferencia, me parece a mí, a un entrenador de otro. Pero coincido totalmente contigo en que, claro, eso demanda conocer más del tema.

Esto sería poner en práctica la idea de que para aprender a jugar fútbol, hay que hacerlo precisamente jugando fútbol, y no corriendo por un lado, dándose pases por otro, etc. El futbolista, claro, está inserto dentro de un grupo de compañeros y rivales. Esto me lleva a preguntarte: ¿cómo puede desarrollar la creatividad un futbolista –hoy en día se valora mucho al futbolista creativo o imaginativo para resolver problemas– pero al mismo tiempo insertarse a un colectivo y aprender conceptos que son claves dentro de un sistema de juego? ¿Cómo es que esos dos caminos pueden encontrar un punto común?

Sí. Vuelve a ser función del entrenador. Acá hay una cosa clave: el entrenador tiene que lograr que el jugador disfrute del entrenamiento. Que tenga ganas de ir a entrenar. Lograr que ese jugador más creativo pueda lograr que el que no lo es, lo vaya intentando ser. Darle armas a ese creativo para que dentro de su capacidad individual se vaya sumando a un colectivo. Darle obligaciones para que el entrenador sepa cómo irlo potenciando. Para que esas obligaciones le generen libertades. Más posibilidades. Así se irá haciendo más jugador. Es parte de entender el juego. Porque este es un juego de equipo.

Yo creo que a ciertas edades, y era una de mis luchas cuando yo estaba en menores, todos los buenos deben jugar. Todos los buenos. “¿Y quién marca?”. Si no la pierdo, no voy a marcar. A ciertas edades, ¿no? Después, irles enseñando otras cosas. Porque yo creo que el que no es tan bueno se tendrá que ir contagiando e ir cumpliendo su rol para que todos crezcan. De lo contrario, lo que estaría haciendo es, a ese bueno, irlo contagiando de poca capacidad… ahí no estaría bien tampoco.

¿Qué tanta relevancia le das al disfrute por la actividad misma? ¿Qué tanto lo tomarías en cuenta al momento de armar una sesión de entrenamiento, por ejemplo, para Segunda o Primera División? ¿Considerarías que ahí también es relevante?

Sí. Por supuesto. Porque no deja de ser jugador de fútbol. Ahora, entendamos que disfrutar no es solo reírse, ¿no? Eso no es disfrutar. Créeme que lo más feo que le puede pasar a un jugador de fútbol es correr atrás de la pelota. Es frustrante. Hasta psicológicamente te termina matando.

Antes de que se me pase, y esto me lo comentó mi hermano –que ha tenido grandes entrenadores y con el que hablo mucho de fútbol–, que “lo difícil del entrenador es lograr que el jugador haga lo que tú quieres sin que se dé cuenta el de lo que está haciendo”. Analicé la frase y me parece que tiene totalmente la razón. Quien se lo dijo, no sé si fue Simeone o Martino –no me acuerdo pero fue uno de esos dos grandes entrenadores que ha tenido–, tiene razón. Lograr que mediante el entrenamiento, sin que el jugador se dé cuenta, esté haciendo lo que el equipo necesita. Vuelvo a la difícil tarea del entrenador de formar el ejercicio o el entrenamiento.

Sin disfrutar es mucho más difícil sacarle todo lo que se le puede sacar a un ser humano. No nos olvidemos que no existe el futbolista en sí. Existe el hombre que juega al fútbol, el hombre que hace música, el hombre que hace arte… El jugador de fútbol es cuatro horas al día jugador de fútbol y veinte horas al día persona. Me parece poco inteligente no entrenar a la persona y solamente al futbolista. Si una persona es feliz, si una persona la pasa bien, lo más probable es que como líder de ese jugador le puedas sacar cosas mucho más positivas.

Me imagino que a esto ibas un poco con la pregunta: en Primera División o en Segunda, el jugador lamentablemente ya solo trabaja de futbolista. Y eso está mal. Pero es por lo mismo. Trabaja de futbolista porque lo catalogan o porque su contrato es válido por si hace tantos goles o no, o si salió campeón o no. Entonces, esa única forma de medir el fútbol me parece –entiendo que el negocio, o cómo vivimos, lo prioriza– que termina haciéndole mal al juego.

 

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