Análisis

Peruanos en el extranjero: ¿Qué tan difícil es adaptarse?

Bayern Munich players celebrate after their victory in the UEFA Champions League final football match between Borussia Dortmund and Bayern Munich at Wembley Stadium in London on May 25, 2013, Bayern Munich won the game 2-1.  AFP PHOTO / GLYN KIRK

Escrito por: Martín Salinas Cisneros, @amrtinaslinas

 

El fenómeno migratorio en el fútbol tiene repercusiones importantes en el funcionamiento psicológico y social de los que en él participan. A continuación, hacemos un análisis de la complejidad, a veces invisible, del proceso de adaptación con el que se enfrentan los futbolistas cuando emigran y un breve comentario sobre la relevancia de la preparación del jugador de fútbol desde una perspectiva humana.

 

Un reto que trasciende al juego

Muchas veces, cuando un futbolista peruano retorna del exterior al poco tiempo de haber emigrado, el análisis del aficionado e incluso del periodista parece tomar en cuenta solamente factores de rendimiento futbolístico. Sin embargo, la adaptación a un nuevo club es una tarea compuesta por muchos matices psicológicos y sociales. Más aún si se trata de mudarse a Europa, a un club muy alejado de nuestro país, con dinámicas nuevas, en general, y específicamente en la relación con compañeros nuevos y entrenadores nuevos.

Las diferencias entre las normas, creencias, roles y valores compartidos en la cultura propia y en la que lo acoge van a producir el llamado “choque cultural”. Adaptarse, comprender y participar de las nuevas expresiones culturales, requiere de un esfuerzo cognitivo grande. El reto del cambio cultural supone, por ende, un determinado grado de estrés psicológico.

El futbolista que se adapta es aquel que logra asimilar la información nueva y acomodar sus estructuras previas de conocimiento. Esta cualidad de reorganización de habilidades cognitivas y adaptativas permitirá al futbolista afrontar el estrés adecuadamente, transformándose constantemente y modificando también a aquello que conoce.

“El reto del cambio cultural supone un determinado grado de estrés psicológico.”

Lejos de casa

El estrés es un factor que no debe ser minimizado. La mente tiene un poder muy fuerte sobre el ser humano, condicionando el disfrute que este tenga por la actividad que realiza así como el rendimiento que exhibe. Las expectativas de los nuevos espectadores y aficionados así como las de la prensa deportiva en general crean una presión que debe saberse manejar.

Por otro lado, hay factores externos sobre los que se tiene poco o ningún control, como el estilo de juego que pretender desarrollar el nuevo club, los métodos de entrenamiento elegidos por el entrenador o su manera de relacionarse con sus jugadores, que también podrían provocar cierto grado de estrés. Un nuevo hogar, e incluso factores aparentemente menos trascendentes como una alimentación y/o un clima distinto, entran también en juego.

La ausencia de los padres, hermanos, pareja, hijos y/o grupo de amistades cercanas, será un condicionante importante. Asimismo, el aprendizaje de un idioma nuevo, en aquellos países donde así se requiera, sin duda es también un factor relevante en el proceso adaptativo, pues es a través de un lenguaje común que el futbolista podrá establecer vínculos afectivos sólidos con sus nuevos compañeros de trabajo.

Es clave generar nuevas redes de apoyo social y apoyo confidente, pues se sabe que tienen un efecto positivo sobre la percepción de salud física, la satisfacción con la vida, el bienestar general percibido, el estado de ánimo y el afecto positivo hacia el trabajo. Además, se ha documentado la influencia de las redes de apoyo, como lo pueden ser, por ejemplo, un grupo de latinoamericanos en un equipo europeo o una relación familiar cercana, en indicadores objetivos de adaptación y desempeño. Estos son, entonces, factores psicológicos y sociales que participan en la adaptación del futbolista migrante, y del migrante en general, y que no deben ser dejados de lado.

De cualquier modo, que la situación sea estresante no significa que no sea posible lidiar con ella. Charles Darwin afirmó: “No sobreviven los más fuertes, sino los que mejor se adaptan al cambio”. Esa es, en este contexto, una reflexión pertinente. En nuestra realidad, en ocasiones confundimos esto y creemos en el paradigma del más fuerte, o peor aún, en el del más “vivo”. El más vivo aparece como modelo positivo de identidad, y se entiende como una persona que trasgrede, se sale con la suya y no le importan los demás. En los vestuarios de equipos profesionales de fútbol, el más fuerte y/o el más vivo parecen muchas veces ser los modelos a seguir. Ellos, en el caso de una posible emigración al fútbol europeo ya no contarán con el contexto cultural que posibilita, refuerza, premia o aplaude su viveza, y probablemente no logren construir mecanismos adaptativos nuevos, puesto que han hecho hábito solamente del uso de su fuerza o sus trampas. Por el contrario, aquel que sabe reorganizar sus estructuras cognitivas, sus responsabilidades y preocupaciones tendrá mayores posibilidades de encarar el nuevo momento.

“En nuestra realidad, en ocasiones nos confundimos y creemos en el paradigma del más fuerte, o peor aún, en el del más «vivo»”

Sabemos que existe una brecha en la exportación de futbolistas peruanos a mercados más competitivos en relación al resto de países de Latinoamérica, sobre la que hemos escrito hace algún tiempo un breve informe con cifras y análisis. Para disminuir ese desfase, el progreso de nuestro fútbol de menores es crucial, mejorándose las prácticas pedagógicas y la preparación de los futbolistas desde una perspectiva humana. No debemos olvidar que los protagonistas del fenómeno migratorio en el fútbol son personas cuyas vidas cambian repentina y radicalmente cuando participan en él.

Preparación del futbolista

El fenómeno migratorio en el fútbol es un asunto complejo. A la dificultad de adaptarse a un entorno con rasgos distintos a los que uno estaba acostumbrado se le suma la condición de tener que competir por un lugar en un equipo nuevo. No es simplemente una movilización geográfica. Tampoco se trata –como a veces los aficionados parecemos simplificar– de ir, “mostrar tu fútbol” o pasar una prueba, estar a la altura y quedarse diez años jugando. Es un fenómeno que, como hemos visto, tiene múltiples aristas.

Una buena preparación del futbolista supone que se construyan capacidades de adaptación que vayan más allá de lo que este haga en el terreno de juego. Un futbolista inteligente, capaz de plantearse metas u objetivos y seguir un determinado plan, que conoce el juego que tanto practica y que busca constantemente aprender más sobre su oficio (de distintas maneras y desde diversos puntos de vista o intereses –conversando con entrenadores, leyendo, estudiando, viendo fútbol, etc.–), que reconoce el valor de conocer otros idiomas y culturas y que emprende ese aprendizaje con entusiasmo, y que ha desarrollado su confianza y fortaleza mental a partir del entrenamiento, contará definitivamente con mayores recursos para afrontar el nuevo escenario en el nuevo club.

Creemos relevante recordar, en este punto, la reflexión de Manuel Sérgio, filósofo y educador portugués especialista en motricidad humana, que señala: “Quien solo sabe de fútbol ni de fútbol sabe”. El fútbol no es una actividad física sino humana, y la preparación del futbolista debe estar al tanto de esta gran verdad.

 

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