Entrevista

Jerónimo Pimentel: “Yo invitaría a no ver al futbolista como un animal entrenado. Los futbolistas son padres, son ciudadanos, son diferentes”

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Periodista de carrera, escritor, columnista de Deporte Total y El Dominical, Jerónimo Pimentel conversó con La Nueve sobre diversos temas de fútbol en una enriquecedora charla. El hoy Director Literario en Penguin Random House Perú se define como un generalista, y es precisamente por ello que su análisis de fútbol no permanece en la superficie. Por el contrario, la conversación con él nos recuerda la frase de Manuel Sérgio, filósofo y educador portugués especialista en motricidad humana: “Quien solo sabe de fútbol ni de fútbol sabe”.

 

Literatura, periodismo, fútbol

¿Lees bastante sobre fútbol?

Soy una persona que tiene muchos intereses, soy un generalista en realidad. Me gusta mucho la literatura, la poesía, el cómic. Me gustan mucho los vinos. Me gusta mucho el deporte. Ese es un poco mi perfil.

¿Cuál es para ti la literatura futbolera imprescindible?

Hay cuentos fantásticos de Fontanarrosa. De Fontanarrosa a Sacheri hay una tradición argentina de interés. Ahora, me parece que eso es literatura. Lo más interesante para mí está en la no-ficción, en el ensayo. Y ahí los ingleses tienen una producción impresionante: Jonathan Wilson, David Goldblatt, Simon Kuper… A muchos de ellos se les puede leer en The Blizzard, una revista con versión digital de pago abierto. Ahí se puede disfrutar de un enfoque futbolístico distinto a lo que se encuentra en América Latina. El escritor más importante, sin embargo, sí es argentino: Dante Panzeri (1921-1978).

Yo creo que el fútbol tiene muchas capas. Tú puedes ver el fútbol como si fuera un símbolo,  una metáfora, un síntoma social o puedes ver el fútbol a través de lo propiamente futbolístico, que es el engaño en el espacio. El fútbol es el arte del engaño en el espacio restringido. Tratar de ver el fútbol de esa manera es maravilloso. Pier Paolo Pasolini tiene una famosa teoría del fútbol como lenguaje: que los sintagmas se crean a través de los pases y que hay una gramática del fútbol. Pero esa manera de entender el fútbol, con lo inventiva que es, no es la única. Encuentro muy estimulante intelectualmente pensar en cuáles podrían ser otras.

¿Cuál es la importancia de establecer un vínculo entre estas maneras –históricas, analíticas o del fútbol como fenómeno social– y el propio juego?

Es que la literatura, el fútbol o básicamente cualquier arte y cualquier expresión cultural son justamente eso: manifestaciones. De alguna manera todas las expresiones están hermanadas. Pero a la vez, en un segundo nivel, todas tienen un hecho propiamente futbolístico, literario o cinematográfico. Encontrar ese núcleo me parece fantástico. Foster Wallace lo hizo con el tenis. Él, para tratar de entender a Federer, hablaba de la belleza cinética y eso me parece un hallazgo. Me parece que tenemos que pensar desde ese enfoque. Hay gente que lo hace espontáneamente. Por ejemplo, hay algunos tuits de Diego Latorre que son memorables justamente porque trata de asediar esa verdad futbolística.

¿Cómo evaluarías el ejercicio del periodismo deportivo en nuestro país?

Es una calamidad, una catástrofe. Básicamente porque hay dos fenómenos que se retroalimentan.

Uno tiene que ver con que la prensa deportiva es parte de un sistema futbolístico pobre. Los clubes, la federación, la prensa y los hinchas son actores que forman parte de un mismo sistema futbolístico. Si ese sistema es una catástrofe, es bien difícil que algunos de ellos –que los hay– sean excepcionales. Sería extraño. Normalmente, tienen una relación de condicionamiento y si suben, suben juntos, y si bajan, bajan juntos también. No conozco un país que tenga una gran prensa deportiva y un fútbol de tercer nivel. Ni viceversa. Encontrar un sistema que sea una cantera de entrenadores y que sus clubes sean desastrosos. Bueno, Argentina nos está empezando a convencer de que es posible.

El segundo fenómeno es que hay demasiada prensa deportiva cuya subsistencia depende de la venta en kiosco. No son suplementos deportivos de diarios de referencia que se tienen que valer por determinadas reglas y cuya sobrevivencia no depende de la tapa. En tanto dependes de la venta de kiosco, el objetivo comercial se va a empezar a sobreponer al objetivo periodístico y vas a empezar a cruzar la frontera deontológica. Lo de los “4 Fantásticos” es un ejemplo. Otro ejemplo es cuando se “crea” una noticia porque un periodista –un periodista que nadie conoce, además– puso un tuit en el que decía que Vargas estaba siendo ojeado por el Real Madrid, y de pronto mandas hacer un photoshop del Loco Vargas con la camiseta del Real y el titular es Olé, Loco. Ya, vas a vender algunos ejemplares, pero estás vendiendo mentiras. En todo caso, ese no es el periodismo que me interesa.

 

“Me parece que tenemos que pensar desde ese enfoque. (…) Tratar de asediar esa verdad futbolística”.

 

Los males del fútbol peruano

Hablaste de un sistema que estaba enfermo. Estoy de acuerdo con esa afirmación pero también me genera una sensación de desesperanza. ¿Qué hacer frente a esta serie de problemas estructurales del fútbol en el Perú?

La solución no la tengo, pero puedo compartir mi lectura. La situación peruana es complicada porque tus dos clubes principales están quebrados. Están quebrados financieramente e intervenidos. Tienes un tercer club, Sporting Cristal, que desde hace unos años, por cuestiones corporativas, tiene a su identidad un poco en crisis, porque fusión tras fusión, compra tras compra, depende del ánimo y los planes de los nuevos dueños. Luego tienes un montón de equipos detrás relativamente insignificantes o quebrados o manejados con mucho pundonor,  pero en un nivel de escala pequeño. No se ha estructurado en provincias un sistema de clubes con duelos provinciales, que es como ocurre en la mayor parte del mundo. En el norte tienes una serie de clubes que han recibido fuertes sumas de dinero, como César Vallejo o Aurich, pero más allá del origen del dinero, extradeportivo, no ha habido una correspondencia en logros que justifique esas inversiones.

Este es un panorama complicado, porque la base son los clubes. Si el sistema de clubes no funciona, no funciona todo lo demás. Los clubes tienen muchas ventajas. Los clubes, en general, no quiebran. Si lees Soccernomics, este libro de Kuper con Szymanski, lo que te dice es que en las ligas analizadas el 85% de los clubes tiene más de un siglo de vida. Pasa todo, incluso guerras mundiales, pero no quiebran. ¿Por qué? Uno, es por su tipo de constitución. Y lo segundo es porque los hinchas no mueren. Los hinchas tienen sus dinámicas propias, legan sus aficiones y eso se mantiene a través del tiempo. Los clubes son el resultado de fuertes identidades comunitarias.

En todo caso, cuando deberían quebrar, son salvados.

Mira lo que pasa acá con la ‘U’, Alianza, Municipal, Melgar, Boys. Son clubes que si fueran empresas, estarían liquidados. Y no, ocurre lo contrario, el Estado les regala terrenos, la SUNAT los interviene pero para que sigan jugando. Sería una catástrofe social si desapareciera la ‘U’ o Alianza. Esas aficiones no van a mudar, como bien lo supo la San Martín. Sin embargo, las juntas administradoras no van a resolver el problema. Y en tanto no se resuelva el sistema va a seguir siendo precario. Si el sistema de clubes sigue siendo precario, las divisiones menores –la etapa formativa– van a seguir siendo rústicas o voluntaristas. Y eso ya crea una cadena de efectos que termina probablemente en lo más irrelevante, que es el periodismo. Ahora, no quiero ser pesimista. No digo que las cosas no puedan cambiar, pero estamos lejos de tener salud deportiva. No es un problema exclusivo del fútbol.

“Los hinchas tienen sus dinámicas propias, legan sus aficiones y eso se mantiene a través del tiempo. Los clubes son el resultado de fuertes identidades comunitarias.”

¿Qué piensas sobre que los clubes gocen de esta ventaja u oportunidad, pero que al mismo tiempo sean grandes demostraciones de precariedad? ¿No hay una contradicción ahí? ¿Cómo justificar toda esta inversión e interés que hay alrededor del fútbol cuando este da muchas muestras de ser un espacio de no solamente pobres desempeños, sino también de mucha corrupción y violencia?

¿Pero tú crees que la gente busca ejemplaridad moral en el fútbol? Yo creo que no. Yo creo que la gente no hace ese cálculo, nadie está buscando la virtud heroica del futbolista. Tal vez en otro momento, pero no ahora. Los futbolistas más celebrados son probablemente los más cuestionables. Hace tiempo que no existe la idea del futbolista heroico. Creo que eso fue, en el caso específico de Perú, una consecuencia imprevista de la generación del 70, que fue a tres Mundiales, pero eso no ocurre ahora, salvo quizás en el caso de Paolo Guerrero.

Lo que pasa es que la afición futbolística no depende de rendimientos. Tal vez puede crecer con un gran logro deportivo, pero hay un mínimo que se va a mantener pase lo que pase. Por eso los clubes no quiebran. La gran mayoría, la pasmosa mayoría de clubes, no desaparece. Porque hay una afición flotante que depende del rendimiento deportivo, pero hay una afición dura que tiene relaciones afectivas, sentimentales y emocionales de otro orden y que operan bajo otras lógicas. Pase lo que pase ahí, se maten en la tribuna, el futbolista llegue borracho, el entrenador sea un impresentable, pase lo que pase, ellos van a ir. Y eso no lo vas a cambiar. El amor futbolístico es determinista. Estas frases hechas –’yo cambié de todo: de mujer, de carro, de casa, de país, de todo pero no de equipo’– esconden pequeñas verdades. Mira al Boys, o mira a Municipal. Yo pensé en un momento que Municipal iba a desaparecer. Tres años después estaban en la Pre-Libertadores. Una cosa inexplicable. Inexplicable.

“Hay una afición dura que tiene relaciones afectivas, sentimentales y emocionales de otro orden y que operan bajo otras lógicas. Esa afición no va a mudar.” / Foto: Facebook La Banda del Basurero.

El hincha y el periodista

Ser hincha implica tener un nivel de ceguera. El hincha perdona todo. El verdadero mártir es el hincha peruano. La entrega sin retribución le da una satisfacción espiritual, un esquema muy cristiano.

¿Pero no crees que esa ceguera pueda ser peligrosa?

Sí, siempre es peligrosa. Pero, para poner ejemplos un poco más amables, mira lo que pasó con el Leicester el año pasado. Gente que no veía a su equipo campeonar, no sé, en 80 años. ¿Ese campeonato no justifica ese siglo de derrotas? ¿Y no es una alegría más grande que la que pueda tener cualquier hincha del Manchester United que campeona –o campeonaba con Ferguson– cada dos años? Eso es lo que busca el hincha. No responde a una lógica económica. Tú puedes decir racionalmente ‘Oye, mira, estos son unos corruptos’, pero así no opera el hincha. Pasaba aquí en el Perú. Tal vez recuerdas la gestión de Alfredo González en la ‘U’. Se agarraba a golpes en las tribunas, pero si campeonaba, no importaba nada más, la gente era feliz.

Lo que yo me cuestiono es si eso debiera ser así.

Claro. Pero es como preguntarse si debiera amanecer. Es una pregunta poética pero es una pregunta que no tiene sentido. No hay nada que puedas hacer tú para cambiarlo. Es la naturaleza de las cosas. Por eso la función del periodismo deportivo es secundaria, pero importante. El periodista debe prescindir, o debería prescindir, de ese fragor emocional para hacer una contraparte analítica, más racional. Pero al hincha no se le pide eso. Al hincha se le pide que vaya a la tribuna y aliente. Es un rol maravilloso.

“La función del periodismo deportivo es secundaria, pero importante. El periodista debe prescindir, o debería prescindir, de ese fragor emocional para hacer una contraparte analítica, más racional.”

A veces siento que otros agentes que deberían ejercer roles distintos ejercen muy comúnmente el rol del hincha. Y ahí creo que sí se genera un problema. Que se puede cuestionar y que también creo que se puede transformar.

El periodista no debería ser hincha. Como no lo debería ser el árbitro, ni el agente. Nosotros somos profesionales. La relación más pura es la que hay entre el hincha y el futbolista, y entre el futbolista y la pelota. Eso es el fútbol. Pelota-futbolista-hincha. Sin ninguno de los tres, no hay fútbol. Todo lo demás es accesorio.

Pero, ¿futbolista-hincha?

Si nadie lo ve, el fútbol no ocurre.

Esa relación con el hincha está mediada también por el dinero. Hoy en día, en el fútbol empresarial, por una cuestión económica. El futbolista no juega en la mayoría de casos por una cuestión de comunidad o de identidad, como dices tú.

No, claro que no. En la Primera División sí, pero el hincha no alienta solo en la Primera. El hincha verdadero sigue todo. Menores, Segunda, Primera, otros deportes. Las pertenencias reales no son por clubes de Primera. Es la culminación, el espectáculo más vistoso, pero solo un piso de un edificio mayor. Hay que distinguir entre hincha, barrabrava y turista. Cuando yo hablo de hincha me refiero a la persona que ama, básicamente. En términos muy cristianos, una persona que da todo y no pide nada. Tal vez pide algo: que el fútbol ocurra. Y el fútbol puede ocurrir en un tackle o en un pase o en una pechada. El fútbol ocurre de muchas formas. Es lo que pide el hincha. No pide nada más.

“Cuando yo hablo de hincha me refiero a la persona que ama. En términos muy cristianos, una persona que da todo y no pide nada. Tal vez pide algo: que el fútbol ocurra.”

 

El fútbol que se ve

A mí me interesa el fútbol. A mí me interesa el amague. A mí me interesa el control orientado. A mí me interesa la técnica. El desarrollo táctico. La distribución de los cuerpos sobre la cancha. A mí lo que me obsesiona es el 3-4-3 de Pochettino. Me obsesiona qué está haciendo Luis Enrique con el legado que recibió. Gallardo me obsesiona. A mí me gusta el fútbol. Trato de seguir a algunos jugadores, algunos entrenadores, algunos clubes.

¿Qué piensas del nuevo formato del Mundial?

La FIFA es un organismo político y tiene que encontrar un equilibro entre élite y representación. Y va a decidir por el balance que le dé mayor rendimiento económico. Mi opinión es que este sesgo va a desnaturalizar el Mundial. Ya en el formato actual hay partidos que no se pueden ver y normalmente el Mundial debería ser una fiesta en la que todos los partidos tengan un atractivo intrínseco.

Si es demasiado disparejo es aburrido, como puede llegar a ser la actual Champions League hasta octavos o cuartos de final.

Tienes que escoger lo que ves. Yo escojo los clubes y los grupos que voy a seguir. El resto no, veré los resúmenes. No tienes que ver todo. Nadie puede ver todo. Nadie puede leer todo. Nadie puede ver todas las películas. Tienes que escoger.

Hay un duelo ahí, ¿no?

¿En el consumo cultural?

Sí.

Sí, claro. ¿Cómo haces para que te dé la cuenta? Primero, porque todo cuesta; y segundo, porque no hay tiempo.

¿Crees que la brecha entre el fútbol sudamericano y el fútbol europeo, o incluso en el mismo fútbol europeo entre los clubes más importantes y los clubes menos importantes, se agranda?

Yo creo que la brecha es terminal.

¿Sientes que se va a agigantar?

Sí, claro. La dinámica ha cambiado. Antes éramos diferentes pero parejos.

Lo que yo te quería preguntar es qué evaluación harías tú de eso. ¿Qué piensas?

Es que no es una evaluación, es una constatación de hechos. Siempre en Europa hubo más plata, pero durante un tiempo se sostuvo la idea de que éramos los dos pilares del mundo futbolístico. Europa y Sudamérica, cada uno había desarrollado sistemas técnicos y tácticos paralelos que, cada cierto tiempo, se ponían en pugna para ver cuál primaba. Eso generó una paridad hasta hace 10 ó 15 años. Hablamos del mismo número de Copas Mundiales, el mismo número de Copas Intercontinentales, paridades perfectas. Tenías a Brasil, Argentina y Uruguay, un poco más atrás, que competían perfectamente con Alemania, Italia, y luego Francia y España. Ahora eso es insostenible. Yo no creo que ningún equipo de la Copa Libertadores de los últimos tres años pueda tolerar 20 minutos del Tottenham o el Bayern. Y eso me parece penoso. Ahora, tú ves el ranking de la FIFA y entre los 20 primeros hay cinco países sudamericanos, incluyendo dicho sea de paso a Perú, lo que significa que la UEFA está trabajando el talento sudamericano, no ya la Conmebol, o que ese ranking es un pobre reflejo de la realidad.

 

Fútbol y política

En algún momento había deportistas que eran parte de luchas sociales de determinadas épocas. Por ejemplo, Muhammad Ali en el boxeo, o algún futbolista tipo Sócrates en Brasil. Siento que hoy los futbolistas son muchas veces marcas y que no tienen una posición política definida. Incluso creo que se aspira a esta neutralidad en cuanto a lo político. Quería preguntarte qué pensabas de esta idea.

Yo creo que siempre ha habido una subestimación intelectual del deportista. Cuando hay uno que no cumple ese paradigma, como Lilian Thuram u Oleguer Presas, que se retiró  para hacer activismo si mal no recuerdo, el tema es ‘Oh, ¡un futbolista piensa!’. Yo creo que hay subestimación. Seis jugadores de los New York Patriots no asistieron a la Casa Blanca luego de ganar el Superbowl porque no están de acuerdo con la política de Trump. Y eso me parece valioso. Me parece que es parte del ejercicio de ciudadanía. Yo invitaría a no ver al futbolista como un animal entrenado. Los futbolistas son padres, son ciudadanos, son diferentes. Algunos tienen convicciones políticas fuertes y a otros no les interesa tanto. Paolo di Canio, por ejemplo, coqueteaba con algunos gestos fascistas propios de la Lazio, que era su equipo, y luego se fue al West Ham, que es otro club al que se asocia con esa ideología. También está el Livorno en Italia con la izquierda y, en Alemania, el St. Pauli, un club cuyos hinchas son punks, prostitutas y anarquistas. Son expresiones de arraigos identitarios comunitarios. Ahora, lo que yo me preguntaría en términos políticos si fuera futbolista es: ¿Estamos bien agremiados? ¿Luchamos por intereses compartidos? Eso me parece interesante. El futbolista ha estado muy desamparado durante mucho tiempo en términos laborales y sindicales. Esa es la organización política que yo trataría de fomentar.

Lo que están haciendo ahora las futbolistas mujeres en Estados Unidos.

Sí, se necesita un poco de orden, alcanzar consensos y echar para adelante. Pero para crear eso se necesita entender al otro como un igual. Y acá eso no ocurre. Si se cree que el otro es un imbécil, o un tarado, o un cholo, o un negro, o un pituco, si el otro siempre es siempre una etiqueta, entonces no hay pares, no hay prójimos, no hay ciudadanos. Tú tratas al otro con respeto cuando crees que él eres tú en potencia. Pero si no tienes esa ecuación en la cabeza, si el otro es un imbécil, un idiota, un tarado, un ladrón, un corrupto, o un indio, o un negro, o un chino, la única relación que vas a tener con ellos es de conveniencia o de explotación.

Entiendo que no es exclusiva del fútbol, pero esa es una carencia educativa.

Sí, es una carencia ciudadana. El fútbol no es un espacio aséptico dentro de la sociedad peruana. Pero esto te lo pueden decir mejor los sociólogos. Nuestro fútbol está corroído de peruanidad.

 

Por: Martín Salinas Cisneros, @amrtinaslinas

 

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